Somos la generación que dejó de comer comida y empezó a comer nutrientes.
Miramos un desayuno y no vemos alimentos: vemos proteína, vemos fibras, vemos “cuántos gramos”. Abrimos Instagram y nos venden yogures con 20g de proteína, barritas “funcionales”, polvos que prometen lo que ningún polvo puede sostener solo. Suplementos de magnesio para descansar y si nole prestas atención quizás te estes perdiendo “el último avance de la ciencia que te haga vivir 10 años más”.
Y mientras tanto, la pregunta que de verdad importa para tu salud —¿Qué patrón alimentario sostenes semana a semana?— queda en segundo plano.
Parece que la especialización de la ciencia, el boom de la industria de los suplementos y la epidemia de coaches y personas que re comiendas suplementos como si fueran caramelos es la norma de la época.
No digo que el acceso a la información esté mal, pero hoy tomar magnesio para dorminos o saber que es un prebiótico parece más un mandato que información útil.
Michael Pollan en su libro en defensa de la comida introduce el concepto de nutricionísmo: no es una ciencia, sino una ideología. Sostiene que el valor de un alimento es simplemente la suma de sus partes nutritivas individuales (vitaminas, grasas, proteínas). Esta visión reduccionista ignora los alimentos enteros y su contexto cultural. No es lo mismo “nutriente” que “comida”: El nutricionísmo occidental nos ha hecho creer que debemos comer nutrientes y no alimentos reales. Esto ha llevado a la creación de productos ultraprocesados comercializados con etiquetas engañosas y promesas inalcanzables.

¿Sabías que comer 1 manzana aporta la misma cantidad de vitamina C que 1500mg de vitamina C aislada?
Cuando comes alimentos, no solo comes nutrientes, comes una matriz compleja de macronutrientes como azúcares, proteínas, grasas y micronutrientes como minerales y polifenoles que interactúan entre si generando sinergia, es decir, potencian su acción al ingerirse juntos.
La industria alimentaria y de suplementos a logrado que impartirte el mandato de que sino tomas 3 suplementos al día te estas perdiendo de algo o estas envejeciendo más rápido o no estas a la moda.
Comer variedad de vegetales o mejorar tu patrón de alimentación no tiene el mismo marketing ni el el mismo valor monetario para la industria.
Con respecto a los suplementos, podríamos dedicarles una edición aparte. Pero el problema es cuando el nutriente se convierte en el reemplazo de la pregunta real: ¿qué estás comiendo en general, la mayoría de los días? En términos de reemplazo, nunca van a ser igual a los cambios nutricionales. Sirve tomar omega3 y cúrucma concentrada cuando come un paquete de papafritas y cerveza los viernes? Pregunto.
La suplementación se utiliza por profesionales como médicos y nutricionista funcionales como parte de un abordaje integral con un objetivo específico.
Los suplementos no se toman por tomar.
La hiperproteinización de todo es el síntoma más visible de esto. Comer proteína no es lo mismo que comer alimentos proteicos enteros (huevo, legumbre, carne, pescado) con su matriz nutricional intacta. Un polvo aislado con 25g de proteína por porción no te da lo mismo que esos 25g viniendo de un alimento real, y en Hashimoto esto importa todavía más: estamos hablando de un sistema inmune que reacciona a estímulos, y la calidad de la matriz alimentaria (no solo el macronutriente) es parte de la ecuación.
Porqué el patrón alimentario es lo más importante?
Cuando hablamos de patrón alimentario no nos referimos a una dieta con nombre y apellido, ni a una lista de alimentos prohibidos y permitidos. Un patrón alimentario es la combinación habitual de qué, cuánto y con qué frecuencia comés a lo largo del tiempo: no lo que comiste ayer, sino lo que sostenés la mayoría de las semanas del año.
Es la diferencia entre preguntar “¿esta semana tomé selenio?” y preguntar “¿este último mes, mi alimentación tuvo variedad de vegetales, buena fuente de grasas, proteína de calidad y baja presencia de ultraprocesados?”. La primera pregunta mira un nutriente aislado en un momento puntual. La segunda mira una estructura sostenida en el tiempo, que es justamente lo que la evidencia científica termina midiendo cuando estudia resultados en salud: no “quién tomó tal pastilla”, sino “quién sostuvo tal forma de comer durante meses”.
Por eso, cuando un estudio encuentra que un patrón alimentario mejora marcadores de autoinmunidad tiroidea, lo que está reflejando no es el efecto de un ingrediente mágico, sino el efecto acumulado de cientos de comidas, miles de elecciones pequeñas, repetidas en el tiempo. Ese acumulado es el que termina modulando inflamación, microbiota, permeabilidad intestinal y, en consecuencia, el comportamiento del sistema inmune.
Patrón mediterráneo: la mejor opción para Hashimoto
Y de patrones alimentarios con evidencia sólida en autoinmunidad tiroidea, hay uno que se lleva la mayor parte de la atención científica en los últimos años: el patrón mediterráneo. En la próxima entrega vamos a meternos de lleno en él: qué es realmente (más allá del aceite de oliva y los clichés), qué dice la evidencia específica en Hashimoto, y cómo se traduce en tu plato de todos los días, sin caer en otra “dieta de moda”.
Si esto te resuena, te espero en la próxima entrega. Y mientras tanto, en Resetea tu Tiroides trabajamos exactamente esto: patrón, no parches.
Instagram: Alimentaciondisruptiva
Lic. Javier Oña MN 11188
Buenos aires, Argentina.
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